Compramos todo nuestro algodón a una pequeña cooperativa llamada Algodón de María, a dos horas en carro de Cartagena, en el departamento de Bolívar. Entré a su bodega por primera vez en marzo de 2024, porque una amiga nos había dicho que su Pima era el más suave que había tocado.
No se equivocaba. La versión corta es que les hemos comprado desde entonces. La versión larga está abajo.
Tres campos.
La cooperativa trabaja con veintiocho agricultores en tres campos. Compramos a los tres, y los visitamos dos veces al año — una antes de la cosecha, otra después. La primera visita es para planear. La segunda es para tinto y gratitud.
En 2026, tras un largo proceso, los tres campos fueron certificados orgánicos. Es la noticia que más esperamos.
Por qué importa.
El buen algodón es la diferencia entre un vestido que envejece contigo y uno que envejece en tu contra. El Pima de Algodón de María tiene una fibra larga y una textura suave, casi cerosa. Tejido apretado, mantiene la forma por años. Tejido suelto, cae.
Les pagamos alrededor de 40% más que la tarifa convencional del mercado. Podemos hacerlo porque hacemos series pequeñas y porque no tenemos accionistas preguntando por qué.
Si el algodón está bien, media pieza ya está hecha.— Rosa, al preguntarle por qué es exigente con los rollos
— Yaja, desde Cartagena.