Le dimos a diez mujeres la misma maleta pequeña y les pedimos que empacaran para una quincena. Siete piezas como máximo. El experimento era en parte un ejercicio de diseño y en parte — lo admitimos — un poco de curiosidad.
Lo que llevaron.
Un vestido en un tono neutro. Un segundo vestido, tal vez un poco más entallado, de la misma paleta. Un top de punto, siempre. Unos pantalones. Un traje de baño. Un cárdigan o un chal. Un bolso. Eso fue.
Solo dos de ellas llevaron un segundo par de zapatos.
Lo que dejaron.
Los jeans, sobre todo. Dos suéteres cada una, en promedio. Un tercer vestido que "va con todo" — que, como lo dijo una de ellas, resultó que no iba con nada en particular. Cuatro camisetas, entre todas.
Me di cuenta de que mi armario giraba en torno a piezas que ni siquiera quería. Las que empaqué eran las que busco primero.— participante, verano 2026
Lo que sacamos del experimento: en realidad no necesitas muchas piezas. Necesitas las correctas, en materiales que envejecen bien, en formas que te piden muy poco.
— Yaja, deshaciendo la maleta.