Sentadas en patios de tierra, bajo la sombra, entre conversaciones y silencios, sus manos no se detienen. Con aguja en mano, hilo a hilo, van dando forma a mochilas que llevan consigo más que diseño: llevan tiempo, dedicación y esfuerzo.
Porque en muchas de esas casas, el tejido es sustento. Es la manera de aportar, de construir, de sacar adelante a sus familias.
Sus manos crean arte, sí, pero también crean oportunidades, sostienen su hogar y mantienen viva una tradición que no se enseña solo con palabras, sino con el ejemplo.
Hablar de estas mochilas es hablar de ellas. De su fuerza silenciosa, de su constancia, de todo lo que no siempre podemos ver.— Con amor, Yaja.


